He vivido una vida a uno y otro lado del Atlántico. De familia numerosa y amigos innumerables, creo desde niña en las palabras –habladas y escritas aunque más en las segundas que las primeras- como el mejor conjuro para las circunstancias, y cuando hasta ellas sobran, para el alma. Hoy conjuro desde la red, pues las palabras, como los aromas, tienen el prodigio de tocarnos inusitadamente la mente, el ánimo, los sentidos. Y viceversa…